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A continuación os dejamos otro artículo interesantísimo escrito por mariasc:
En diversas ocasiones seguro que hemos oído hablar de los llamados “jornaleros de la bolsa”. Aguerrido nombre para una especie de inversor que ha hecho de su capa un sayo y de su capital una forma de trabajo (entendiendo por “capital” la cantidad de dinero que utiliza para crear dicha actividad). No son leyenda ni mito. Son y existen, y como cualquier pequeño o gran emprendedor juegan con la baza de su capital para generar expectativas laborales, aunque este modelo diste mucho de ser algo común entre todos aquellos que arriesgan su dinero para conseguir ganancias. Seamos ahora jornaleros por un momento. Y serlo supone disponer de un capital de inversión residual o que al menos no necesitamos en el ámbito personal o familiar. Hablaríamos de unos ahorrillos. Evitaremos pues en nuestro ejemplo recurrir a créditos o préstamos para iniciar nuestro recorrido imaginario, no por ser ilícito, ni mucho menos, pero vamos a intentar no encontrarnos presionados doblemente. Ya es suficiente tarea conseguir el éxito en la iniciativa para tener además que preocuparnos en la religiosa amortización y devolución de un crédito. Fijamos un capital inicial de unos 60.000 euros. Si hubiéramos deseado abrir una tienda o pequeño negocio, esta cantidad sería un mínimo imprescindible. Por tanto en nuestro caso partiremos de dicha cifra.
¿Infraestructura? Casi innecesaria, con lo cual eludimos pagos de alquileres, traspasos o compras de locales. Nuestra propia vivienda nos sirve y con un despacho en ella ya vamos sobrados. El material básico de trabajo lo compondría un PC de prestaciones medias, conexión de Internet (ADSL imprescindible) y los periféricos habituales. Nada que actualmente no poseamos. El único coste relevante vendrá de la instalación de al menos tres pantallas para completar el equipo. Y nada más. Nuestro personaje ya está en disposición de trabajar. Y ¿haciendo qué?. Pues de mero inversor on-line del mercado de valores. Existirían multitud de otras posibilidades de inversión pero nos centraremos en lo más asequible y conocido. Por tanto partimos del concepto de la inversión de nuestro propio dinero directamente en Bolsa y via internet. Pero nos faltan un par de detalles para cerrar el círculo virtuoso del buen jornalero: la formación y un mediador. En cuanto a la formación, damos por hecho que si nos lanzamos a operar directamente en los mercados (españoles o extranjeros) poseemos un pequeño bagaje de conocimientos teórico-prácticos; nada que no hayamos oído o visto antes pero con un dominio mínimo (interpretación de gráficos y la aplicación de teoría operativa: tendencias, soportes, señales de compra-venta , indicadores, etc). Habíamos mencionado la palabra “inversor” on-line , pero para ser consecuentes con nosotros mismos hablaremos de “especulador” on-line. Es decir, jugador a corto plazo, buscando aquellas oportunidades diarias o semanales que se presenten. De otra forma no tiene sentido la necesidad de disponer de un espacio propio de trabajo y un mínimo equipo multipantallas. Si la inversión planteada fuera a medio o largo plazo no haría falta dominar las herramientas de análisis técnico. Basaríamos casi toda nuestra operativa en criterios fundamentales o de empresa y la vigilancia de la cotización de los valores sería extensiva, en vez de intensiva; bastaría con un asesoramiento correcto en las puntuales tomas de decisión y en el control de nuestras inversiones. Tengamos en cuenta que en nuestro ejemplo nos interesan las oportunidades diarias de compra y venta y aquí reside el especial “modus operandi” del especulador, centrado en una jornada laboral afín a la sesión bursátil, dado que el corto plazo no entiende de fiestas ni relajaciones. En cuanto al segundo, deberemos abastecernos de uno o dos buenos bancos o agencias de valores para la mediación necesaria en nuestras decisiones. Vigilemos seriamente este tema pues todas las operaciones pasarán por ellos y deberemos sopesar la calidad del mismo y su coste operativo (comisiones). De nuestra correcta elección dependerán muchos éxitos o fracasos en la inversión y también la mayor o menor rentabilidad de la misma. A partir de aquí ya sólo nos queda trabajar y poner en marcha el “tinglado”. Es indudable y muchos lo pensaréis, que con lo expuesto no acaba todo. Haría falta también rodearse de una buena red informativa (webs, blogs) y técnica (programas de gestión de gráficos) amén de otras utilidades. Pero hagamos el camino llano y la explicación justa y esquemática. Nunca hemos dicho que esta actividad fuera “coser y cantar”. Lo que perdemos de exhaustivos lo ganamos en claridad y síntesis. En esta columna quiero mostrar sólo la existencia de un perfil de inversor que, sin ser profesional, comprende al mercado y lo analiza, y fruto de este pequeño conocimiento arriesga un capital prudente para (en el mejor de los casos) generar unas plusvalías que posibiliten crearse un sueldo digno, que aunque no estable, sí sea suficiente y prometedor. Otra cuestión seria preguntarse cuántos “jornaleros” consiguen el éxito y cuántos abandonan la labor por poco rentable. Aquel “jornalero” que disfrute además con esta labor tendrá parte del éxito asegurado. Y finalizo brevemente con la exposición de riesgos. Nuestro protagonista disponía de un capital inicial de 60.000 euros, tal como dijimos. La prudencia dictamina diversificar la inversión en varios valores; el no hacerlo supone maximizar el peligro y sobre todo nunca el 100% en circulación, caso contrario se encontraría sin liquidez para aprovechar buenas oportunidades adicionales. Respecto al tipo de valores a invertir, entramos en un terreno pantanoso, dado que radicaría en el grado de amor o desamor al riesgo. Por definición al “jornalero” ésto no le incomoda. Es parte de su idiosincrasia, por tanto no descarta ningún valor por su condición de “chicharro”, “volátil” o “poco liquido”.
Con todo ello a nuestro inversor sólo le debe preocupar poner en práctica su intuición, olfato y conocimientos para no caer en trampas habituales del mercado. Tomando nota de frases lapidarias como “deja fluir el beneficio y corta rápido las pérdidas” ya tendrá gran cuidado el “jornalero” de protegerse de los descalabros en sus valores y de no vender demasiado rápido en las subidas. Cumpliendo las normas básicas de la especulación no existe pues valor malo ni valor bueno.
Para finalizar y por si alguno se pregunta la utilidad de varias pantallas para operar, debo decir que los acontecimientos en la bolsa van tan rápidos que se hace necesario disponer de la información segmentada en varios soportes. Y como mínimo se necesitan un par de monitores para vigilar los movimientos de las cotizaciones (rotura de niveles, posiciones compradoras y vendedoras, cruces e infinidad de variables) y un tercero para la tramitación de órdenes vía intermediario. Si además queremos estar informados en tiempo real (noticias) o proyectar nuestros propios gráficos, las necesidades de pantallas se elevarían. En fin, es todo un mundo por explorar… claro que… ¿quién puede y se atreve a explorarlo?
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