Casi todos los días tengo que hacer un paseo andando por un mismo trayecto a la misma hora. El motivo de esto no viene al caso. Lo que me ha sorprendido desde el verano para acá, es lo siguiente.
1. Un bar que llevaba menos de dos años, delante de un colegio, ha cerrado.
2. Una tienda de complementos ha puesto el cartel de liquidación por traspaso y todos los artículos están al 50%, casi no entra ni Dios, y ya hay un cartel con el número de móvil del contacto para alquilarlo de nuevo.
3. Una peluquería, de diseño, que estaba a principios de este año con una clientela abundante debe haber reducido el número de chicas pues antes siempre había 5 y ahora sólo hay dos y el dueño. A veces no se ven casi clientes, como en estas dos últimas semanas.
4. Una tienda de ultramarinos que siempre estaba abierta cuando pasaba ahora debe abrir más tarde. Puede que la bajada de clientes haya modificado el horario de apertura.
5. Una tienda que vende ropa deportiva y sus complementos ha adelantado las rebajas más temprano que nunca. Tenía algunas zapatillas Nike al 40% de descuento.
Y todo eso en un paseo de un par de kilómtros y en los alrededores de calles relativamente comerciales. Por ejemplo, la peluquería está a unos 200 metros de El Corte inglés.
Por otro lado observo una imagen sorprendente con respecto al año anterior. A la hora que paso al lado de un enorme centro comercial, se ve gente, pero ni mucho menos el carajal que se apreciaban en los alrededores con respecto al año pasado. La hora a la que paso siempre es la misma.
No sé, no sé, pero empiezo, por mi parte, y no es psicosis, empiezo a apreciar evidencias de un cambio hacia menos movimiento y consumo que no apreciaba desde hace mucho tiempo.