| Millonarios insolventes |
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| Friday, 25 de April de 2008 | |
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Si el sufrido propietario hipotecado gestiona (ya gratis, gracias al nuevo Gobierno) una ampliación de su fardo hipotecario a 40 años, ahorrará cien euros de factura mensual, aunque los intereses que ingresará el prestamista -y el coste de su vivienda- crecerán en más de cien mil euros. Supone todo esto que el desembolso en el inmueble dentro de cuarenta años será superior a setenta y cinco millones de las antiguas pesetas. Toda una millonada. No sé si nuestro Gobierno tendrá pensado distribuir un folleto a todos los hipotecados recomendando que la renegociación del plazo se combine con un cambio a tipo de interés fijo, porque de lo contrario podemos haber empeorado quince años de fardo para apenas ganar unos meses de holgura, puesto que nadie garantiza que el euríbor no se coma esos cien euros al mes en menos que canta un gallo. En mi experiencia como hipotecado, cuando allá por el año 1992 pasé de inquilino a potencial propietario, el precio del crédito (entonces se llamaba míbor) estaba en el 14%. No quiero ser aguafiestas, pero, por desgracia, no es una pesadilla. Más bien veámoslo al revés: ¿Qué sentido tiene el que en los últimos años se nos haya facilitado tanto -y también animado- al endeudamiento? Me lo pregunto más allá del fácil negocio que ha supuesto para vendedores y promotores encontrar clientes «solventes», o para los financiadores encontrar deudores de por vida. Con beneficios, crecimientos y ostentaciones sin límite. Porque así es como estuvimos manufacturando un largo período de bonanza económica: mediante una expansión del crédito que a la burbuja crediticia habría adosado otra inmobiliaria. Habríamos vivido -inundados por el crédito- de manera que nuestra prosperidad actual (de propietarios millonarios) descansaría en un hipotético ahorro futuro. Eso por un lado, pues por otro supone entrar en una zona de grave riesgo al considerar que el precio de lo hipotecado dentro de diez, veinte o cuarenta años justifica la decisión tomada hoy por prestamista y prestatario. Y si esto es cierto, cuando el prestatario es el usuario final del inmueble, excuso decir cuando es un revendedor que ha visto como el dinero se multiplica por arte de magia de un año para otro. O el banco que financia a promotores que piensan lo mismo a mayor escala. Habría aquí una muy peligrosa e incierta mezcla de falsa seguridad y de control del riesgo. Y habríamos llegado así a un punto en el que -como alguien ha escrito parafraseando a Einstein- la ingeniería financiera nos hizo dioses millonarios antes de merecer ser hombres solventes.
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| Modificado el ( Saturday, 26 de April de 2008 ) |
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Para ser potencial propietario de una vivienda, un ciudadano necesitaba en Galicia, por término medio, al final del reciente tsunami inmobiliario, un préstamo de 180.000 euros (treinta millones de pesetas). Al 5,4% que están hoy los tipos variables vinculados al euríbor, hace solo cinco años estábamos en el 2%, paga una cuota mensual de 1.120 euros si el plazo es de 25 años.