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Las inmobiliarias copan cuatro de cada diez insolvencias |
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Monday, 14 de April de 2008 |
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Han sido años excepcionales, con un crecimiento del sector fuera de lo normal. Precios desorbitados, tipos de interés bajos, facilidades para acceder a la financiación y un ansia de crecer desmedida han alumbrado un gigante con los pies de barro. Pero esa carrera meteórica, repleta de casos en los que el pez chico se comía al grande, toca a su fin. Con el grifo de los bancos cerrado a cal y canto, muchas promotoras, constructoras e inmobiliarias se afanan estos días en repasar una y otra vez unos números que no salen. Los impagos comienzan a aflorar y los concursos de acreedores se han convertido la pesadilla diaria del sector. Los expertos aconsejan acudir lo antes posible a las suspensiones de pagos a aquellas empresas que sean conscientes de que no podrán afrontar sus deudas. La vivienda ha sido para muchos la gallina de los huevos de oro. Bien es cierto que el negocio ha servido de soporte a la economía y el empleo españoles. Pero no es menos cierto que muchos 'señores del ladrillo' no han podido o no han querido frenar a tiempo sus instintos. Tras una década de pujanza, las alarmas han saltado en forma de facturas o letras impagadas. Deudas con los bancos y los proveedores que no hay manera de saldar sin cerrar la empresa. Desde comienzos de año, muchos han sido los nombres que han pasado a engrosar la lista de los 'malditos'. Según datos oficiales, en los tres primeros meses de 2007 más de 120 inmobiliarias y constructoras se han declarado insolventes. El sector copa ya cuatro de cada diez nuevos concursos de acreedores y en el que el ritmo de suspensiones crece al 150% anual. El ladrillo comienza a resquebrajarse, y lo peor está por venir. Así lo confiesan en privado destacados actores del negocio, que reconocen ahora por primera vez que quizá subieron demasiado los precios. Lo que tenía que haber sido un ajuste gradual se ha convertido en un serio problema a causa de la crisis de liquidez de los mercados financieros. Las grandes compañías tampoco son ajenas a los problemas. Protagonistas de opas y adquisiciones históricas, algunas intentan ahora renegociar a marchas forzadas la deuda que les hizo grandes o vender sus activos para ganar algo de oxígeno.
Fuente: lasprovincias.es
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